Como en la mayoría de las ciudades chinas, en Shanghai tampoco hay un programa oficial de reciclaje de residuos. La recogida selectiva es espontánea, y se repite en cada esquina. Papeleras y contenedores, donde los hay, son desvalijados varias veces al día por un ejército de personas.
Miles de intermediarios anónimos que engrasan la cadena del reciclaje, pero que el Estado no tiene capacidad para institucionalizar a día de hoy. Informales, sí, pero también indispensables para mitigar la ‘crisis de basuras’ que amenaza al país. (más…)



