Protección de datos personales: hombres de cristal

Llegó una tarjeta de crédito que nunca había pedido. “Va a ir a un cajón, como otras cosas que llegan sin pedirlas”, piensa uno. Pero una rápida lectura a la nota que acompaña el “regalo” habla de la ley 25.326 de Protección de Datos Personales e informa que uno puede pedir que lo borren de la base de datos del banco. Entonces uno piensa: “¿Quién le dio mis datos a ese banco?”. Una rápida ojeada a lo que pasa con los datos nos lleva a una nota de Natasha Singer en el New York Times (publicada en Clarín del 14/7) que inquieta: Acxiom Corp., una empresa de Arkansas (EEUU) tiene recopilados datos en materia financiera y de salud de 500 millones de consumidores en el mundo y los vende a bancos, fabricantes de autos, tiendas… datos que ha reclutado con talentos de Amazon, Microsoft, Google y MySpace. En esos datos se integra lo que se sabe de nuestras personalidades off-line, on line y hasta en celulares, creando una descripción de nuestro comportamiento.

“Claro -se tranquiliza uno- eso es en EEUU”. Pero ¿cómo llegó el banco a enviarnos una tarjeta con nuestros datos? Fácil. Hay una empresa local que hace el mismo trabajo de la norteamericana. La ley nos permite quejarnos pero no nos protege del tráfico sobre nosotros. Nos consolamos: podemos pedir un hábeas data en la Oficina nacional de Datos Personales, cuyo titular es Juan Antonio Travieso. Igual no estamos tranquilos: Teresa Da Cunha Lopes en su texto “El hombre de cristal”, dice que internet y la tecnología han creado la necesidad de mejorar la protección de datos. Es que somos -dice- como hombres de cristal, porque todos nuestros movimientos son observados, anotados y procesados, sin que lo sepamos y por empresas que ni siquiera sabemos que existen.

Safety-Doc, especialistas en la destruccion de documentos confidenciales con el ánimo de que las empresas se adapten a la vigente LOPD

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