El papel, como el cristal, si se rompe, por más que se pegue nunca queda igual. Y a veces, es imperativo que, aunque no quede igual, sea, al menos, legible. Pero con gobiernos, negocios, oficinas y hasta hogares usando trituradoras para destruir documentos confidenciales, ¿cúan posible es recuperar lo perdido?
Muchas oficinas la tienen: una trituradora de papel con un depósito lleno de delgadas tiras de papel.
Pero si se trata de una oficina en un lugar que está en medio de una guerra, esas páginas destrozadas pueden contener información vital.
El problema es rescatarla.



